jueves, 22 de diciembre de 2005

Algo huele a chamusquina

Escribo hoy —tras un receso— mientras vuelo esta mañana de Berlín a Stuttgart para posteriormente ir a Immenstaad en tren, donde pasaré la navidad. He estado pensando hace poco en la inminente entrada en vigor de las nuevas medidas adoptadas por el gobierno para atajar el tabaquismo y que entrarán en vigor en enero de 2006. El debate político sobre el tabaco siempre ha estado muy viciado y ha sido muy hipócrita. Ha sido una fuente de ingresos del estado enorme. Ahora pondrán el tabaco a un precio mayor (para compensar la pérdida de fumadores de algún modo por elegir una razón de las menos usadas) y prohibirán fumar en multitud de lugares. A mi me parece ESTUPENDO.

Soy fumador desde los 14 años. Dejé de fumar dos años de mi vida, pero recaí. El tabaco no solo mata sino que tiene un coste enorme para el sistema sanitario y la salud pública. No le veo ninguna ventaja al tabaco que no esté relacionada con una estética de western trasnochado o de Tarantino rebelde. El tabaquismo es una dependencia horrible que a muchas personas muy adictas —como dicen en inglés "chain-smokers"— les condiciona su vida de una manera terrible. Quizá al no fumador le cueste entender lo difícil que resulta dejarlo para una persona que lleva muchos años fumando. Sí, es posible, pero no todo el mundo posee la misma fuerza de voluntad para sustraerle al organismo años de adicción.

Lo que deseaba puntualizar aquí es que el debate que no emerge con igual ímpetu es el del alcohol. El alcohol produce más daños a la salud y las enfermedades relacionadas con el abuso del alcohol son tan costosas al sistema como con el tabaco. Muchas de las muertes de jóvenes en carretera tienen que ver con el consumo de alcohol y muchas personas padecen un alcoholismo de perfil bajo, invisible para la sociedad pero no por ello menos grave. La lista de patologías relacionadas con el alcohol es penosa y extensa y sin embargo parece que hay que achacarle todos los males al tabaco. ¿Por qué? A mi entender es porque hay más sensibilización social, el humo molesta a las personas cercanas al fumador, las enfermedades coronarias y el cáncer son primeras causas de mortalidad con vínculos directos al tabaquismo. El alcohol se confunde con las patologías mentales, con trastornos de conducta, depresión, patologías hepáticas y alteraciones en el funcionamiento del organismo, desde el sistema nervioso hasta el sistema inmunológico. Por otro lado si el tabaco es una industria poderosa, no lo es menos la del alcohol. A mi me gusta beber un buen vino o una cerveza fresquita de vez en cuando como a todo el mundo. Pero del mismo modo en que siendo fumador me alegro de que nos limiten las posibilidades de fumar, no estaría en contra de analizar en debate público las cuestioines referentes al alcohol.

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