Le plaisir
Ahora que he cumplido con la parte turística de mis vacaciones con un esforzado recorrido por la antropología checa y la contemplación de las —siempre maestras— obras de arte que cualquier ciudad que uno visita a más de 300 km de casa, me tocan las vacaciones de verdad. Por ejemplo, escuchar un disco que acabo de comprar de Pony Poindexter, y leerme un insustancial bestseller que me hace reir ("Merde, actually" de un tal Stephen Clarke), tumbado a la bartola, con cerveza fresquita en la nevera.
Otras actividades insustanciales de hoy:
He pasado dos horas arreglando la bici: quitar transportín, engrasar y reparación de luces. Subir el asiento que alguien había bajado. Ayer le cambié las cubiertas a las dos ruedas (5 años me han durado). La bici me está pidiendo una escapada, pero creo que paso.
También tengo dos pujas abiertas en eBay. He decidido comprarme... ¡un tocadiscos! Me he dado cuenta de que hay mucho material de vinilo a 10 céntimos y que nunca nadie se molestará en pasarlo a CD, mp3 o a lo que sea. Me dicen unos que eso es una regresión y yo me digo que si no he tenido un iPod hasta ahora, es que no me ha llegado el momento. Sin embargo, por cuatro duros se compra uno lo que antes era un tocadiscos de ca-gar-se. Lo uno no quita lo otro. El reproductor de mp3 ya llegará. Total, tampoco es que esté dispuesto a pagar mucho y si el tacadiscos se pone tonto, me compro un gramófono y listos.
He mandado un e-mail a los amigos de Berlín para ver si alguien quiere el coche. Creo que esta semana liquido el tema.
Me doy cuenta en este post que me hago viejo o que siempre lo he sido. Mi bici es de los ochenta, quiero un tocadiscos y Pony Poindexter tuvo su momento de gloria en los '60. Al menos el bestseller es de hace poco.
Lo dicho, ando al ralentí. Sólo me falta esto
2 comentarios:
Me compré un tocadiscos cojonudo hace unos años. Aunque la mujer de la limpieza se cargó la aguja dos veces, siempre he encontrado repuestos en Barquillo.
El problema es que es un plato tan "pofesional", que no tiene apagado automático, y siempre se me quedan los discos dando vueltas y vueltas hasta que me acuerdo de cambiar de cara.
Pero yo tengo iPod, ¿eh? (y el mío es ya una reliquia también).
Ya bueno, yo quiero algo que suene y sin muchos botones. Si el problema es que no se para solo y regoge el brazo sin ayuda, pues no es un drama. De hecho los tocadiscos que hacen eso se consideran pelo malos ya que la electrónica necesaria para recoger el brazo acaba afectando al funcionamiento. Los buenos son mortor, brazo y cartucho de aguja. Y eso que llevo pocas horas leyendo sobre lo que es un tocadiscos... Internet nos convierte a todos en expertos de pacotilla.
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