lunes, 21 de noviembre de 2005

El método Kösjösn

He pensado que como estoy harto de trabajar muchas horas ganando poco, lo cual supone un motivo constante de insatisfacción, lo mejor que puedo hacer es cambiar algo en mi forma de comprender el trabajo. He descubierto que bajando mi expectativas de sueldo muy por debajo de lo que las empresas ofrecen, no tendré motivos de queja ya que —en el peor de los casos— mi situación no puede sino prosperar. Claro que eso tiene ciertas implicaciones prácticas, pero me parece un sacrificio menor comparado con el cambio de status psicológico que implica vivir holgadamante por debajo de mis posibilidades.

También he pensado fijar la jornada laboral en diez horas diarias, que es lo que trabajaba de media cuando la jornada realmente era de ocho. Así logro, de nuevo, equilibrar las cosas y acallar la frustración que me producía pensar que estaba haciendo horas extras gratis. Incorporando esas horas por defecto a mi jornada y sueldo, se esfuma la percepción de que están abusando de mi.

Por último he decidido emplearme para realizar cualquier función simultáneamente. Decubrí que otra fuente de frustración era la de que me empleaban para hacer toda clase de tareas y desempeñar toda clase de responsabilidades independientemente de los conocimientos que cada una requiriese. Así algunas veces me sentía infravalorado y otras asfixiado por la responsabilidad. Abarcando todo el posible abanico de funciones desde Director General hasta Conserje logro saber que, haga lo que haga, me pagan lo que me pagan para hacer lo que hago, estrictamente.

Creo que con esta fórmula magistral, lograré cierta satisfacción personal y alcanzar mis metas profesionales y al fin convertirme en una persona de éxito, un modelo para otros y un buen marido y un buen padre para mis hijos.

Ahora sólo falta salir al mercado laboral y encontrar quien me contrate.

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