miércoles, 16 de noviembre de 2005

Manifiesto Por Un Alquiler Digno (Real State I)

Aventureros que buscáis vivienda, arrendadores y subarrendadores que os anunciáis, amigos todos:

Hubo un tiempo, la edad de piedra sin ir más lejos, en la que las manadas de prehumanos que habitaban el planeta —y quien sabe si la mismísima Catalunya— padecían las inclemencias de la climatología a base de apretar los dientes en invierno y de sudar la gota gorda durante los veranos. En esa cultura del silex y las lascas, entre la recolección del fruto que ofrecía gratuitamente la naturaleza y las persecuciones a mamuts furiosos, el hombre y la mujer, el jóven, el anciano y el niño, necesitaban descansar cobijados de los peligros que acechaban por todos lados. Pensaron aquellos seres que el refugio era una necesidad imperativa para perpetuarse como especie y ofrecerse a sí mismos un futuro, o sea, nosotros. Paleontólogos y otros científicos nos han revelado que, efectivamente, el humano y sus predecesores se protegían del "afuera" creando así la cultura cavernícola que aún pervive en las cámaras de representantes, parlamentos y ayuntamientos de medio planeta. Fue el comienzo también de la cultura de la vivienda, o sea, de un lugar donde poner a macerar nuestros esqueletos cuando no andamos cazando rinocerontes o trepando árboles.

Pasaron los años y llovió lo indecible. Se desarrollaron nuevas formas de organización social, nacieron y murieron civilizaciones, lenguas y especies. Hasta los suevos se instalaron en la Costa Brava. Pasaron muchas cosas hasta llegar al momento actual. En ese lapso de tiempo la cueva se convirtió en choza, en cabaña, en casa y así sucesivamente en un progreso irregular hasta llegar a la actual infravivienda. El "cobijo" ha vivido épocas de esplendor inmensas y grandes depresiones como la que nos toca vivir hoy.

Hoy no todo el mundo puede tener su propia caverna. No es un problema de falta de espacio. El problema es que la caza del mamut se convirtió en "empleo" en un proceso paralelo al de la caverna en convertirse en "infravivienda". Resulta que la demanda de cavernas allá donde se encuentra el foco de la caza mamutífera, es del todo desorbitada. Aún así existen cavernas deshabitadas en las regiones mamuteras porque algunos cazadores de éxito se adueñaron de varias cuevas aunque no las necesitaran. Las alquilan a cazadores novatos y marginados o bien las mantienen cerradas esperando que alguien les ofrezca más colmillos por ellas de los que ellos pagaron al adquirirlas. En este punto el futuro de la especie ya no importa a nadie, y sin embargo el cobijo sigue siendo algo de lo que la mayoría no quiere desprenderse.

A medida que las cavernas de hoy se han visto más y más solicitadas para su alquiler porque cada vez hay menos cazadores de éxito con caverna propia, los cazadores propietarios han aumentado la cantidad de colmillos por metro cuadrado que quieren a cambio de dejar que manadas o individuos habiten esas cavernas. La caza del mamut, por otro lado, cada vez es menos rentable. Así que nos encontramos con inquilinos un poco agobiados. Ante este agobio se ha vuelto a poner de moda la manada y ahora seres humanos de diferentes clanes conviven en cavernas compartidas.

Pero algunos propietarios de cavernas —e incluso alguno de sus inquilinos— han descubierto que se le puede sacar más colmillos al asunto, y los primeros han subdividido las cavernas en micro-cavernas y los segundos han vaciado el trastero y lo alquilan subarrendando a precio de dormitorio, haciendo así un trueque redondo.

Como habitante de cavernas de alquiler, me siento cansado. Llevamos miles de años compartiendo cavernas. Pero la especie se ha corrompido y ahora veo mucha caverna donde seres de mi propia especie pretenden que pague cientos de colmillos por un lugar sin ventilación ni luz donde mi fisionomía animal de 176 cm de longitud (tumbado) símplemente no entra. Creo que ha llegado el momento de invertir la tendencia a destrozar inmuebles haciendo de ellos ratoneras para devolver la dignidad y el sentido a lo que significa la palabra vivienda. Deseo desde aquí reclamar un mínimo para lo que uno puede considerar un lugar propio, un espacio por el que se paga para vivir y no para morir (porque con el tamaño ataud de ciertas habitaciones, lo único que le viene a uno a la cabeza es la muerte).

Propietarios, subarrendadores: si os sobra una habitación minúscula en la que vosotros no viviríais más de un fin de semana, por favor, no la saquéis al mercado. El tiempo y la energía que requiere ir a verlas, pero sobre todo el sufrimiento que producen esas cámaras de gas, esas cabinas a presión, ni valen lo que pedís, ni deberían existir como cobijo para nadie. Apelo a vuestra dignidad de cazadores. ¿Cuántos mamuts más han de morir para rellenar infracavernas de ladrillo? ¿Es de verdad necesario sacarle al inquilino hasta el tuétano para ofrecerle a cambio algo que jamás osaríais ofrecerle a un pariente o amigo de vuestra manada?

Por favor, acabad con los anuncios de habitación-caja-de-zapatos. Aporta ese grano de calidad a la vida de tus conciudadanos.

Pedir es indigno, pero más lo es ofrecer a cambio otra indignidad.

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