100$ por niño sí, ¿pero cómo?
Hablaba hace poco Enrique Dans en su blog sobre el polémico proyecto de Negroponte y el MIT del portátil de 100$ para los niños del Tercer Mundo que presentó no hace mucho al Secretario General de la ONU. Es cierto que Dans hablaba de él para dar respuesta a unas afirmaciones del presidente de Intel, pero en su respuesta ha incluido nociones que merece la pena discutir.
Dans defiende en unos breves puntos el proyecto demostrando sobradamente no haber estado en los países más pobres recientemente. No es que yo lo haga a menudo, pero en los últimos 4 años he podido visitar en dos ocasiones India (paradigma del outsourcing informático). Vamos a ver, a mi el proyecto me parece fabuloso porque es cierto que información es poder. Sería bueno transferir poder a los más desfavorecidos, si esa fuera la cuestión más relevante. Pero hay también que entender en qué sentido ese poder beneficia a esas comunidadesy en cuál les perjudica. Porque la información en un instrumento creado también para la manipulación y para cosas que no tienen que ver con el bien común. Existen otras carencias de poder y muchos de los países en vías de desarrollo deniegan poderes básicos a sus ciudadanos y esa debiera ser la primera lucha de todas.
Lo que mas descabellado me resulta de la exposición de Enrique es que hable de escuelas con conexión a internet, y de estudiantes escribiendo blogs desde sus chabolas de los barrios chabolistas de Nairobi (la itálica es mía). Es cierto que el ordenador puede facilitar a estas personas un aspecto de la alfabetización. Sin embargo, lo que yo he visto en los suburbios de las ciudades de Karnataka o en la costa occidental de la India, difiere mucho de la foto ideal que nos dibuja Dans. Muchas escuelas no tienen pizarra, ni sillas, ni mesas, ni ventanas, ni puertas. No tienen agua potable. Los niños no tienen zapatos, y en ocasiones ni lápices. Mandar un hijo a la escuela es sustraerlo de su aportación al trabajo al que le obligan sus familias, trabajo realizado muchas veces en situación de semi-esclavitud. Me cuesta imaginar lo que un niño de estos poblados paupérrimos podría hacer con un portátil y quisiera saber el impacto económico que conllevaría para sus familias, que lo primero que harían sería deshacerse del cacharro a cambio de dos galllinas. En el admirable esfuerzo que supone quere posibilitar vidas mejores a los más pobres, un ordenador es la necesidad que se sitúa en la cola de muchas otras necesidades como la salud, los derechos fundamentales de los niños, la educación y tantas otras cosas.
No estoy diciendo que el proyecto de Negroponte no pueda suponer una revolución, pero hay que tener cuidado con cómo se habla de este proyecto. Tal vez nos resulta más sencillo imaginarnos a unos niños trabajando felízmente en el ordenador en sus aldeas subsaharianas, que mirar las cosas tal y como son. El proyecto de Negroponte no es para los más pobres. Es para aquellos que ya han pasado al siguiente escalafón y pueden permitirse una educación, un tiempo propio y tal vez vivir en una gran ciudad con conexiones a internet que alcancen a sus escuelas. Este proyecto es para todos aquellos que no son niños-soldados, que no son víctimas del tráfico de menores, de la esclavitud, del abuso, de la enfermedad y de tantas cosas que afectan a cientos de millones de ellos, no sólo a una minoría despreciable, sino la mayoría de los niños de éstos países. La mayoría de estos niños también es analfabeta.
Hay una pregunta esencial en todo este discurso que merece la pena hacerse. ¿Cuántas vidas se salvarían si se invirtieran 100$ por niño en el Tercer Mundo? Porque esa y no otra es la prioridad. El Tercer Mundo es cada vez más pobre y no al revés. Quizá la alfabetización digital sea una inversión a largo plazo que hay que poner en práctica para crear un porcentaje de oportunidades para su futuro. Aunque las oportunidades no vienen de la alfabetización digital, ni siquiera de la alfabetización básica (que sería una prioridad primera) sino del enorme desequilibrio de fuerzas económicas entre los países ricos y los pobres. Para respaldar un proyecto como el de Negroponte, Naciones Unidas va a tener un serio problema para sopesar una inversión que puede salvar vidas de forma directa y yo creo que en ese momento surgirá una voz crítica desde los propios países del Tercer Mundo que con razón dirán que cómo es posible que les manden ordenadores en vez de medios mucho más básicos y necesarios. Por eso a Kofi Annan le puede parecer muy bien todo esto, pero dudo que pueda poner ni un céntimo en el proyecto. Ahí está en definintiva el gran fallo del proyecto del ordenador de 100$. Se trata de una cuestión moral y no técnológica la que al final determinará si el proyecto recibe el respaldo institucional que desea obtener.
La idea de Negroponte por ahora es la de distribuir estos ordenadores a través de los ministerios de educación de los países elegidos. Serán ellos los que paguen los ordenadores aunque sea a través de créditos. Hay muchas personas en esos países que podrían solucionar sus problemas de salud o desnutrición básicos con esa cantidad por niño. Algún ministro de educación se hará una foto como el innovador de su tiempo, pero ¿a costa de qué? Al final toda esta innovación es muy occidental, en el sentido de que viene casi impuesta, no ha sido solicitada. Ese condescendiente nosotros sabemos lo que es mejor, pertenece ya a otra época de las relaciones Norte-Sur. Los que hemos trabajado en el campo de la cooperación sabemos bien que muchas de las soluciones que aporta occidente a los países pobres suelen dejar nuevos problemas por el camino. Pensar que el ordenador va a ser el motor del desarrollo de dichos países o símplemente a solucionar algún problema fundamental, es desconocerlo casi todo de ellos. Dans, con todo mi respeto, vete a verlos.
Yo soy un ardiente defensor del acceso universal a internet, pero no creo que internet o el ordenador sean la solución a los problemas del mundo. Símplemente porque los problemas más acuciantes de esas comunidades no tienen nada que ver con el acceso a la información o con el analfabetismo digital. Considero que detrás del proyecto de Negroponte hay muchos amantes de la tecnología que consideran mejor, aunque sea por omisión, darle a un niño un portátil antes que vacunarle, que darle de comer, o que educarle en los aspectos fundamentales que hagan su vida algo más tolerable. Eso yo no lo puedo compartir. Ahora bien, ayudar a los que por cualquier razón puedan sacar un provecho de un proyecto así y no tengan necesidades más acuciantes, me parece bien.
3 comentarios:
Yo vivo en el Ecuador y no veo tan mala la idea de la computadora portátil de 100 dólares. Estoy plenamente de acuerdo que el proyecto de Negroponte no va a solucionar los múltiples problemas de la pobreza y que hay otras necesidades más importantes que deben ser solucionadas. Creo, sin embargo, que al ser los males de la pobreza múltiples, hay que enfrentarlos por todos sus lados y uno de ellos es la brecha digital.
No cabe duda que detrás de la idea de Negroponte subyace una visión idealizada de la tecnología como promotora del cambio. Las tecnologías no provocan cambios sino que son simplemente herramientas que podrían ayudar a las personas a provocarlos. En este sentido, creo que la portátil verde es una excelente idea tecnológica. Lo que si falta por debatir extensamente es cómo se la va a utilizar en el contexto real.
Para mí el principal problema a resolver es el de la capacitación docente. Si los profesores dominan el uso didáctico de la computadora, ten la seguridad que los niños y sus padres sentirán que la portátil verde es algo tan necesario como un cuaderno y un lápiz. Si este dominio no existe, el proyecto se derrumbará estrepitosamente.
Estoy totalmente de acuerdo en que la idea de Negroponte esta impregnada de una visión arriba-abajo, norte-sur, y esa es una de sus mayores debilidades. Creo, sin embargo, que mientras más ampliemos el debate en torno a este tema y más lo discutamos global y localmente, las posibilidades de lograr que esta herramienta nos ayude a mejorar la educación serán cada vez más altas.
Mauricio,
no puedo estar más de acuerdo en algunas de las cosas que dices. En última instancia también hay que entender que los recursos asignados a ayudar a los que lo necesitan son limitados y hay que tratar de separar lo que son necesidades esenciales de lo que no lo son. Lo cual en ningún caso no quiere decir quer las que no lo son no deban ser atendidas adecuadamente.
Los profesores de las escuelas aquí en España tampoco están capacitados para enseñar un uso provechoso de los ordenadores y eso con todos los medios a su alcance. Tampoco hay un ordenador por niño en las escuelas, aunque posiblemente sí hay un elevado porcentaje de niños con acceso a ordenadores en el hogar.
Considero de gran valor el acceso de los jovenes a internet, pero también entiendo las implicaciones que ello tiene de cara a la socialización, ya que no todo son ventajas. Muchos niños y jóivenes aquí viven ya sólo en su mundo digital a costa de sacrificar ciertos aspectos de experiencia con la realidad. El cambio no se va a detener por eso y esas son ya las generaciones de mañana. Sólo digo que no todo son ventajas. El uso que los niños den al PC no lo puede preveer Negroponte.
Que los docentes pueden y deben extraer el máximo provecho de estos instrumentos me parece indiscutible. Pero quizá hay que decírselo al maestro de las zonas rurales de Ecuador, que bastante tiene ya con tener libros.
Como he dicho en mi escrito a mi la idea me parece fabulosa, pero articularla correctamente me parece complicado por diversas razones. Y sobre todo considero que no debe robar recursos ni protagonismo de una lucha más esencial que es la lucha contra la miseria.
Y que este debate se debe articular de otra forma y con un previo consenso de las comunidades involucradas me parece aún más importante.
Más o menos como no lo ves tú, no termino de verlo yo.
Como siempre, no es que me parezca mal. La idea es buena y me jode criticar por criticar.
Pero creo que no será útil.
Y luego el trapicheo de los ordenadores, terminarán vendiéndose en el primer mundo, o a saber dónde.
Gobiernantes corruptos que venderán los stocks de pcs por mucha pasta, o familias pobres, pobres (como los que tú reseñas) que los venderán para conseguir dinero para comer.
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