martes, 13 de diciembre de 2005

Navego, luego existo

En realidad yo no soy una persona muy dada a la técnica. Sin embargo, mientras leía hoy una noticia sobre los problemas de los usuarios con sus conexiónes a internet, he recordado mis comienzos en todo esto del mundo de la cosa digital. No es una historia espectacular de esas de niño prodigio que desmontaba radios y las volvía a montar. De hecho los primeros dos ordenadores que poseí, un sinclair zx81 (1983) y un Spectrum ZX128 (1986), no me sirvieron más que para acumular polvo y nunca me fascinaron lo más mínimo ni gasté mucho tiempo en informarme sobre su manejo. En aquella época el monopatín y otros entretenimientos más corrientes eran mi centro de atención, mis días y mis noches.

Mi primer contacto real con internet fue ya en el entorno laboral allá por 1993. La empresa en la que trabajaba participó en un programa de colaboración con Red Iris (hoy un departamento de Red. es), que junto con Fundesco se estaba encargando de crear el backbone informático de las universidades y centros de investigación en España y del que posteriormente se haría cargo el CSIC. A raíz de esa colaboración en mi empresa instalaron una conexión a internet destinada a un único ordenador, el mío. Sobre la torre del ordenador de mi mesa colocaron un módem de 2.4Kb y un manual de considerable grosor, además de proporcionarnos un username y un password. En aquella época teníamos instalado un nuevecito Windows 3.1 en cada puesto de trabajo aunque aún usabamos Word Perfect para DOS como procesador de textos, Quattro Pro como hoja de cálculo.

Me encargaron que me enterase de cómo funcionaba "eso de internet" y cómo darle algún uso. Tras mirar el manual y no entender mucho me puse a investigar el software cliente propuesto, el terminal gopher (sin saber que gopher no era realmente la web aunque en aquel momento era más popular que la www) que era poco menos que un tortuoso modo de texto para navegar en un terminal de DOS. Al cabo de un tiempo había podido acceder a algunos sitios, siempre en modo de texto, pero no tenía ni la menor idea de para qué era todo eso. Recuerdo que tenía a un amigo estudiando el doctorado en una universidad de EEUU y descubrí un directorio en el que se le había asignado una dirección de e-mail. Así que le hice saber que eso existía y mantuve mi primera correspondencia electrónica con él. Poco a poco fui entendiendo un poco más, pero el modo de texto era tan poco atractivo que no me sentí muy interesado por el invento, aunque en la oficina empezamos a usar puntualmente el chisme para algunas comunicaciones con sedes de otros países. Pero lo importante seguía siendo el fax para estas cosas.

Ya en 1994 un nuevo compañero de piso canadiense que venía desde Dublín para hacer un postdoc de física en la universidad, fue el que primero me introdujo a lo que hoy entiendo por la web. Con él trajo un Apple LC475 y un módem de 14.4Kb. A través de Mosaic descubrí el primer navegador gráfico y sus posibilidades. A los pocas semanas descargamos la primera versión de Netscape Navigator. Esa fue realmente la veradera iniciación a la web como la entiendo hoy: desde el salón de mi casa en 1994 y devorando el poco contenido existente —visto desde ahora— pero que a mi me maravilló.

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