Un mercado de barrio
Yo me considero un glocal absoluto. El concepto patrio no me cala por ningún lado y cuando no estoy pensando en irme a Shangai (allí donde suceden las cosas), me dedico a vivir la vida del barrio, que me parece un buen contrapunto a mi vocación internacional. Hay barrios a los que siento que pertenezco, como Malasaña en Madrid, a Kreuzberg en Berlín y ahora Gracia en Barcelona. Otros, sin embargo, me han dejado un poco indiferente, como Lavapiés, Chelsea o el Eixample. Todos los barrios tienen sus grandezas y sus miserias, y considero que un barrio necesita de ambas cosas para tener conciencia de sí mismo. En eso no hay mejor lugar donde empezar a observar los contrastes de un barrio que en sus mercados.
Hoy por la mañana me he bajado al Mercado de L'Albaceríia Central, el que puedo casi considerar el más completo de mi barrio. Llevaba unas cuantas semanas sin ir a este mercado (a veces le pongo los cuernos con otro). El sábado es mal día para comprar en cuanto a que está abarrotado, aunque es bueno porque hay más mercanderías entre las que elegir, si uno va temprano. Lo que más me ha sorprendido después de mi ausencia han sido dos estupendas novedades. Por un lado se ha instalado un puesto de comida japonesa que, con el propio pescado fresco del mercado, prepara en el acto distintas combinaciones para llevar (sushi, sashimi,...). No incluye frituras, pero es estupendo ir y encargar que te preparen algo para recogerlo al final de las compras. Los rasgos orientales despistan y me da que los que lo llevan son una combinación asiática poco nipona. Venden algas y una diversidad de productos asiáticos. Desafortunadamente no tienen mi aperitivo favorito japonés, el mochi (una pasta solida de arroz envuelto en algas con una textura a lo aquaplast).
La segunda gran sorpresa es un puesto de pasta fresca que elaboran allí mismo, frente a los clientes. La pasta fresca está intorduciéndose rápidamente en Barcelona y ya he visto varias tiendas cerca de casa, pero como me contó Marc (creo que el único importador del barrio de pasta fresca que trae desde Italia), el problema de producir la pasta fresca aquí es el agua. Según él, afecta mucho al producto final. En cualquier caso, el mercado está más que nunca recuperando su vocación comercial vinculada al pequeño negocio y a la elaboración artesanal. Considero que es una estupenda noticia frente a la comida empaquetada que que encontramos a nuestro alrededor cada vez con mayor frecuencia. En eso admito que aún la agricultura ecológica (también hay un puesto en el mercado, con bastante éxito por cierto) no es y tal vez nunca será competitiva, pero espero que alcance la aceptación que se merece.

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