lunes, 3 de julio de 2006

Dominguero privilegiado

Estoy pasando un par de días en Llança, a escasos kilómetros de la frontera con Francia (creo que Port Bou queda como a 16Km). Es el segundo fin de semana consecutivo que vengo al Cap de Creus aunque el pasado fin de semana me quedé en Selva de Mar. Son las 7.45 de la mañana (publicaré cuando llegue a Bcn)y, como hacía calor y no podía dormir, me he bajado a nadar a la cala que hay frente a la casa. Aún peor fué el pasado fin de semana que me fui a buscar una cala para ver amanecer antes de las seis de la mañana tras la breve nit de Sant Joan. Preocupante tendencia madrugadora que espero corregir.

A Llança me ha invitado Pablo, que lleva viniendo por aquí desde niño (su familia es de Figueres) y ha sido testigo del crecimiento de todo este área costera. Dice que el famoso desarrollo debe ser esto: hordas de turistas que, cada año en mayor número, van a algún sitio y esquilman en tres semanas con sus cañas de pescar y fusiles submarinos el ya casi inexistente pescado de roca o cualquier cosa que se les ponga por delante. Sin embargo yo miro por la ventana y veo pocas casas, y pueblos relativamente pequeñós bajo un gran parque natural que cae rocoso sobre el mar. Claro que yo no he visto esto hace más de treinta años como él.

Aquí la tramontana hace crecer los árboles en ángulos imposibles. La roca y las condiciones climáticas no permiten grandes experimentos de jardinería así que ayer pasamos un rato buscando unos cactus en un vivero próximo para plantar un cactario donde ya fracasaron las hierbas aromáticas de un intento anterior por amoldar la vegetacíon al suelo rocoso y a los caprichos climatológicos de esta esquina peninsular.

Me parece un lujo extraordinario poder subirme a un tren en el Paseo de Gracia y bajarme en un apeadero frente a unas calas como estas. En apenas dos horas, cambia uno de mundo y la verdad, da bastante pereza hacer el camino inverso para meterse uno en el asfalto. Creo que el fin de semana que viene repito.




Cala en Port de la Selva




Calas en Llança

3 comentarios:

Anónimo dijo...

¡Bien hallado!
Cuánta envidia...

Anónimo dijo...

Estuvimos hace cinco años con la familia alemana en Llança, en una casita con jardín muy chula. En aquel entonces, yo corría una hora sin despeinarme, y se nos caía la baba con Elsa.

Este año nos vamos a Grecia (Corfú), en septiembre, pero este finde, pasamos antes por el Algarve.

Anónimo dijo...

Este año los incendios han pasado a algunos kilómetros de distancia (uno por Cadaqués, otro por Capmany, otro hacia Garriguella). Se ha vuelto a oler el humo de la naturaleza marchitándose y los hidroaviones han pasado rasantes para repostar en el mar.

Aparte de la obra de la parcela de al lado (la única que quedaba libre en ese sector), he contado varias otras construcciones levantándose en recodos inverosímiles entre islotes de pinares y otros chalets de la costa.

Se han llegado a contabilizar a cinco y hasta seis buzos arponeros en una cala menuda en que se codean una veintena de bañistas con niños.

La fiebre de las motos naúticas se asemeja ya a la de los moto-macarras terrestres que ensordecen todo el día con su continuo y pedorro deambular.

En el Port ya es imposible encontrar un sencillo bareto o una casa de comidas con un menú por menos de 40 €.

Y va mi hermano y me cuenta que la otra noche desaparecieron varios de los cáctus que primorosamente plantamos el otro día frente a la casa. Chorizos de cáctus, ya es lo último.

"Homo homini lupus", cagoenlamar.