domingo, 12 de noviembre de 2006

Mansedumbre

Una voz amiga de paso por Barcelona para presentar en el festival La Alternativa una película que ha dirigido, me recuerda la imperiosa urgencia de retomar el proyecto de la humanidad, a saber, retomar el mundo de los valores universales que nos permitan alcanzar una toma de conciencia de que las personas no somos los instrumentos de un fin, sino que por nosotros mismos somos todos un fin a realizar en lo individual y en lo colectivo.


Visto que hemos ido permitiendo que el mundo del materialismo capitalista o del capitalismo material desvirtúe —en muchos aspectos— el objetivo de hacer viables a la mayoría de los seres humanos, con nuestros anhelos y nuestras penas, nos surgen nuevas preguntas. ¿Es la ausencia de responsabilidad ética -en su acepción de doctrina universal transcultural- intrínseca al modelo económico presente y futuro? ¿Por qué parece legítimo que los destinos de las economías globalizadadas las dicten los fondos de inversión de señores jubilados en Miami o en Palo Alto y que apuestan hoy por urbanizar una península en el Mediterráneo y mañana por plantar café en Burkina Fasso, pasando por alto el impacto que ello pueda tener para las sociedades involucradas en ese objetivo de aportar beneficios a inversores cada vez más libres de pasar por encima de las legislaciones del mundo con la exusa de que los mercados financieros son el único y real motor de la riqueza universal?¿Por qué las democracias y sus reguladores han perdido la batalla frente a las enormes presiones de las fuerzas del mercado si realmente la idea de elegir representantes es no permitir que esas o cualquiera otras fuerzas determinen el camino que ha de conducir a las sociedades a un desarrollo equitativo y sostenible? ¿Por qué, aunque conozcamos desde hace décadas el problema del hambre en el mundo, hay hoy más del que hubo mientras que los ricos son más ricos de lo que jamás fueron? ¿Por qué tenemos que aceptar ser recordados por una mediocridad ideológica absurda ausente de compromisos, de gentes que no se revuelven contra la descabellada pérdida de las libertades civiles, políticas y sociales que otros construyeron para nosotros? ¿Por qué la cultura del miedo nos tiene presos y frente a ella respondemos con demostraciones absurdas basadas en patrones de consumo exagerado? ¿Por qué hemos prostituido la cultura y el acceso a ella y sus garantías de perpetuidad en favor de las corporaciones que las gestionan? ¿Por qué hemos dejado que el conocimiento se desvíe únicamente hacia la economía, y estamos eliminando la capacidad de crear cultura general, para crear cultura parcial y ciudadanos funcionales y eficientes?


No da tiempo a formular todas las preguntas ni a alcanzar todas las respuestas en una breve visita de fin de semana. Quizá es esa precisamente la respuesta, que no nos da tiempo de ser... y nos quedamos en potencia. Si la gente tiene demasiadas cosas que hacer, incluida la dosis adecuada de ocio organizado, pues es natural que no de tiempo ni a preguntar ni a responder. Mucho menos de actuar.


Llevo un par de posts de lo más cenizos este mes , pero no soy yo, es el mundo, que conste.

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