29.000 personas en tu salón

Anoche la ciudad estaba nevada y fui en bici a la otra punta del barrio, con las calles aún nevadas. Con la luz de las farolas y el asfalto cubierto de blanco, pude por fin sentir que es invierno, algo que empezaba a dudar ya en Barcelona. Hoy al amanecer hacía un sol radiante. Una pena que anoche, al volver, de tanto pedaleo me diera una tendinitis que me ha tenido el pié como si fuera un mal dolor de muelas. Daba igual, como hacia sol y había que ir al centro de todas maneras, he salido cojeando y a velocidad de tortuga a hacer un par de cosas en Mitte.
Las ganas de comer me han entrado cruzando por el Sophie-Gips Höfe y como desde el 2003 no habia visitado aquella parte, al pasar junto a la casa de los Hoffmann, se ha procedido a llamar al telefonillo:
— Que pasaba por aquí y quería saber si se puede subir a ver la colección o no.
— Pero chato, ¿tú te das cuenta de que no se puede pasar así por las buenas por el portal y esperar que se te reciba?
— No si yo era sólo por probar...
— Anda, anda, que algunos habéis nacido de pié. Justo ahora acaban de llamar para cancelarme una visita, así que tómate un café en frente y sube en 20 minutos.
— Putamadre, ¡gracias!
No, no soy amigo de los Hoffmann. Ellos son una familia adinerada que posee una de las colecciones de arte contemporáneo más espectaculares de Berlín... y la tienen colgada en su casa, al menos una pequeña parte de la misma. Los sábados hacen hueco para que quien quiera, pueda visitarla viendo de esta manera cómo queda colgado un Bruce Naumann junto a los los juguetes de los nietos o como se puede tener una escultura de Richard Serra entre el portal y el ascensor.
Normalmente la gente reserva plaza para verla con varias semanas de antelación porque sólo aceptan unos pocos grupos de hasta diez personas. Al entrar en la casa te piden que te calces unas zapatillas de fieltro para no dejes el parqué para el arrastre. Tampoco es que la colocación de las obras tenga orden ni concierto, ni cartelas, ni criterio de colocación. La temperatura es la de una casa, no la que exigiría un museo para preservar las obras. La idea es "Mira yo vivo con esta colección y hago y la cuelgo como me sale del tuétano". El resultado es estupendo, y ya me gustaría ver más cosas así. Apenas he estado en casas de tres o cuatro coleccionistas y siempre me parece que es de una manera de ver arte muy diferente.
Total, que tras esta incursión me he echado a las calles nevadas bajo el sol diciéndome que me queda mucho por ver, pero que hoy un poco menos.
Al salir me han regalado un póster muy grande de Felix González-Torres con una definición del nihilismo por algún ruso cuyo nombre no se me ha quedado. Como soy un ser con recursos limitados me tendré que conformar con esto para colgarlo en alguna parte de mi casa y cada vez que lo vea, acordarme de las cosas que he visto en las ocasiones que he visitado la casa de los Hoffmann.
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