Hacia el norte
Sobrevuelo el mar del norte mientras amanece. Voy a Estocolmo por unas horas. Se me hace raro esto de pasar del ‘low cost’ al ‘biznez class’ en la misma semana. Es como si un día te dieran un masaje de puta madre y acto seguido te dieran de hostias. Digo yo que algo intermedio también estaría bien, si lo hubiera. No a lo Iberia, que siempre ha sido una low cost pero con precios altos, por contradictorio que parezca. Te cobro el masaje pero te doy de palos. Imagino que es una variante original.
Alucino con las plantas petroliferas que con sus incandesscentes llamas pueblan las aguas oscuras del mar que sobrevuelo. Los enormes barcos que hacia ellas se dirigen o de ellas parten deben ser cuarenta veces el tamaño de este avión. Las nubes del norte verdadero también son nuevas, como alfombras ralladas. Dice el capitán que hace sol en la capital sueca y que ahora mismo estan a -6 grados. Va a ser un contraste enorme con Barcelona, donde aterrizo esta tarde para asistir a una boda mañana. Parece interesante tanto viaje pero es una paliza que comienza a las 4 de la mañana, pasando por salas de espera y terminando en una somnolencia a deshoras que no veas. Ahora que paso muchos fines de semana en Barcelona, los lunes son un infierno porque me levanto a las 5 y voy a la agencia de cabeza.
Me imagino que Estocolmo es lo más oriental que he estado en Europa y también lo mas nórdico. Me doy cuenta de que viajo demasiado entre lugares conocidos y poco a desconocidos y eso que trado de mirar lo conocido con una mirada diferente cada vez.
Total, que tengo ganas de ver a los escandinavos en su salsa. Siempre dicen que esto es el superdesarrollo, la civilización en su cota máxima. Veremos qué significa eso.
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