jueves, 17 de noviembre de 2005

Ctrl+Atl+Supr: Windows está actualizando su democracia.

Con el alto grado de madurez que demuestra a diario nuestra clase política, lo único que les faltaba ahora a los parlamentarios es que les pusieran, literalmente, la tentación frente de sus narices para tener que prestar aún menos atención de la que ya prestaban a la actividad parlamentaria.

Manuel Marín, presidente del Congreso, que es un iluso que ha perdido —en su larga trayectoria en la Comisión y Parlamento europeos— todo contacto con las costrumbres del político español en suelo patrio, creía que poner la tecnología al alcance del escaño representaría una agilización de la actividad parlamentaria, la reducción en el uso del papel y en general un beneficio para la política parlamentaria. A mi me parece muy bien aunque yo no veo en la Cámara de los Comunes inglesa o en el Bundestag o en el Congreso estadounidense a nadie que no sean los taquígrafos dándole a la tecla en las sesiones parlamentarias. Me cuesta creer que se puede realizar un debate parlamentario apropiado si entre el escaño y el orador está la pantalla de un ordenador. Tal vez el anticuado soy yo y esto es la innovación que tanta falta nos hace.

Si antes el parlamentario cuando acudía al hemiciclo debía vencer el sueño y la modorra que sin duda alguna causa a cualquiera el discurso político actual, articulado por el pelmazo que ocupa la tribuna, pues ahora al menos tiene frente a si un terminal de ordenador (con una tecnología propietaria perforada mil y una veces en seguridad) conectado a internet. También han puesto a disposición de los diputados y diputadas un sistema de mensajería instantánea que les permite compartir la burla o los chascarrillos con miembros de su grupo parlamentario. Orquestrar improvisadas acciones en el parlamento, ya sean pitadas, ovaciones (yo de verdad que no he visto un parlamento donde se pierda tanto el tiempo autoaplaudiéndose), será ahora mucho más sencillo.

Y nada más, que ahora tenemos a los parlamentarios atontados frente al internet en el hemiciclo, con su e-mail y sus cosas. La verdad es que para darle esta estocada de gracia al parlamento mejor deshacernos de él. Porque si ya se parlamentaba poco, ahora la actividad de los diputados en el hemiciclo va a pasar de ser un pitorreo a desaparecer, y para eso no nos hace falta una sede parlamentaria tan cara, digo yo.

Si yo fuera diputado, en vez de acudir al hemiciclo, pondría una webcam en lo alto de mi escaño, pondría un acceso remoto al sistema de votaciones digital y me iría a trabajar a las playas de Cádiz y de cuando en cuando me echaría una partida de "buscaminas".

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