Derribar el pasado
Una cosa que siempre me ha gustado de Berlín es la intervención de artistas en el espacio público y muy concretamente en el espacio público dedicado a la política. Así el Reischtag (el parlamento alemán) que recubriera Christo es una de las imágenes más poderosas del arte de las últimas dácadas en Berlín. El propio Bundestag me sorprendió la primera vez que lo visité por dentro —el año que Berlín regresó a ser la capital de Alemania— con una sencilla columna luminosa de Jenny Holzer (que ahora ha sido reubicada a la entrada del parlamento que da al canal).
Tras una larga marcha en bicicleta por el Tiergarten, los lagos y bosques de Berlín, sudando en salinas gotas cada interrogante actual de mi vida, me quedé petrificado al parar en un semáforo, descabalgar de mi bici y alzar la mirada al frente para encontrar el Palacio de la República (parlamento de la ex-DDR).
Desde hace mucho el gobierno no sabe qué hacer con este edificio. Por un lado no tiene utilidad pública aunque sí simbólica. Está gravemente está afectado de asbestos, debido a lo cual gran parte del interior y la fachada han sido retirados. Derribarlo sin polémica es imposible y una ofensa para todos aquellos cuya identidad está unida a la historia del este. Por otro lado es un armatoste realmente feo sin ningún valor estético. Un artista se ha decidido a escribir en letras gigantes luminosas "ZWEIFEL" (DUDAS) sobre el edificio (ver foto). Y eso. Dudas sobre qué hacer sobre un pasado no demasiado lejano ni lo suficientemente próximo. 
Update: Hay organizada una marcha para detener el derribo del Palast der Republik el 19 de noviembre
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