miércoles, 16 de noviembre de 2005

Historia de un fraude, narrado por su protagonista (Real State III)

Este último verano hice algo realmente perverso. Claro que en ese momento no me di cuenta de que así era. Turbado como me encontraba por la búsqueda de un piso para compartir, pasaba muchas horas mirando los anuncios clasificados y luego pateando Barcelona y visitando casas. Como a todos los que hemos pasado por semejante calvario, había situaciones desmoralizantes, caminatas en balde y toda clase de situaciones de las cuales una de las más frustrantes era la de ver lo que a uno le ofrecían a cambio del precio que yo consideraba "aceptable" cuando no simplemente el que me podía permitir yo, que no creo que esté tan alejado de la media.

Me di cuenta de lo obsesivo del proceso un día en el que, mientras dormía una siesta, soñé que encontraba un anuncio que se ajustaba, no sólo a lo que uno pudiera desear, sino que era prácticamente el anuncio ideal. Al despertar de aquel sueño me pregunté por qué no me había cruzado aún con un anuncio símplemente bueno, en el sentido de ofrecer por un precio razonable una vivienda deseable. Recordando la felicidad de mi sueño, decidí ofrecerles a los otros aventureros que estuvieran en mi situación un rayo de esperanza. Publicaría un anuncio que se ajustase a las expectativas idealizadas de la mayor parte de la gente que busca habitación en piso compartido. Me dije a mi mismo que no había que exagerar demasiado, sino que había que publicar un anuncio que ofreciera algo cercano a lo posible pero ya en el terreno de lo deseable. Me senté lo escribí, adjunte una foto de un catálogo de IKEA y lo publiqué.

En poco más de dos días tuve que retirar el anuncio. Fueron muchas —pero muchas— las personas que me escribieron muy emocionadas aunque intentando mantener la serenidad. Me llegaron mensajes de lo más variados incluso de personas que me decían que por favor retirase el mensaje porque sin ver el piso ya se habían decidido. Cada nuevo mensaje que recibía me hacía sentir más culpable. A los primeros les respondí que lo sentía, que la habitación ya no estaba disponible. A los demás no les condesté, más por vergüenza y cobardía que por otra cosa. Retiré el anuncio. Intentaba imaginar sus caras de alegría desbordada por la esperanza, pero en seguida esa imagen la borró la imagen de la decepción que iban a sufrir, y en la que nunca pensé mientras hacía esta escaramuza. Fue algo que estuvo mal y me doy cuenta del agravio que supuso jugar con los sentimientos de las personas que ya tenían bastante con lo que estaban pasando. Mi intención nunca fue la de decepcionar a nadie, sino más bien la contraria. Para el que le pueda servir, lo siento.

Si entonces me pareció que el anuncio tendía a ser algo en la frontera de lo posible con lo deseable, hoy me doy cuenta de que —tan solo unos meses más tarde— las condiciones que yo publiqué pertenecen al mundo de la ficción absoluta. Sin embargo quiero reivindicar que los que soñamos, no con un ideal de ciencia ficción sino con uno razonable, debemos mantener la capacidad de no perder la rerferencia real de lo que es una vivienda digna y qué cantidad de nuestros ingresos puede o debe eso suponer. Ahora que la vivienda de alquiler sigue en su inacabable escalada de precios, hay que apelar a la resistencia a aceptar lo inaceptable. Vivir como jóvenes con independencia debería ser un derecho y no un sacrificio que nos arrastre a la decepción. Hay que seguir soñando y descubrir la forma de que esos sueños se puedan realizar. Yo invito desde aquí a dar la batalla a la especulación y a nuestros representantes políticos que son parte del problema y de la solución de todo esto.

Si de algo me sirvió la experiencia fue para, con amigos, comenzar un activismo de perfil bajo online. En ratos libres, colamos nuestros mensajes entre los clasificados de distintas publicaciones para dar animos a los demás y para pedir moderación a los especuladores. No sirve de mucho, pero eso no nos ha desanimado hasta ahora.

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