Lentes
Finalmente, y no tras poca resistencia —ya que me había negado a creer en las pruebas que me hice en Barcelona hace unas semanas— he corroborado en Berlín que en menos de un año puede uno dejar de ver tan bien como solía. Los últimos tres años apenas he levantado la cabeza de la pantalla y creo que por eso casi no me he dado cuenta. Me di cuenta cuando empecé a no poder leer los carteles de las calles que estaban a 20 metros y que antes eran escaneados por mis ojos con una precisión diamantina. Empezaron a ser de una borrosidad alarmante.
El 24 de diciembre pasé por una óptica y pillé finalmente las gafas que me acompañarán al menos hasta que me ponga lentillas, u otras gafas, o que me cure milagrosamente. De ahora en adelante habrá "algo" sólido y visible entre yo y la realidad.
1 comentario:
Con esas gafas tan guapas yo pediría un aumento de sueldo ;-)
Seguro que te hace la poll* de interesante.
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